
Pierre Boulle, el destacado escritor francés, hace gala de su talento para la ciencia ficción al escribir este libro que es hoy considerado un clásico entre los mamotretos de su género, y desde luego nadie puede negarle reconocimiento a su fantástica historia.
Antes de hablar de ella, sin embargo, me gustaría decir algo: A mí esta novela de Boulle me obligó a reflexionar en una cosa que a simple vista puede parecer espantosa, pero que no lo es: ¿Dejarán de ser los humanos un día la raza conocida más inteligente? Y claro, esta misma reflexión me lleva a otro vínculo especulativo: ¿Si ello ocurriese, serían acaso los grandes simios los que gobernarían?
Lo digo porque este es justamente el mensaje del libro. La novela comienza cuando una pareja cualquiera deambula por el espacio en su nave, en viaje vacacional. Se supone que la ciencia ha avanzado tanto que sólo se requiere contar con el medio de transporte estelar para visitar planetas y constelaciones sin problemas.
Y en este itinerario celeste, la pareja se halla de pronto con una botella que flota en el espacio y dentro de la cual se encuentra un mensaje escrito: Se trata de un extraño manuscrito abandonado que viene a ser en realidad el trasunto de lo que el libro relata: Tres hombres, en un viaje interespacial, viajan al sistema estelar Betelgeuse, y por vicisitudes imponderables van a dar con todo y nave a un mundo nombrado en los mapas galácticos como Soror.
Los viajeros descubren al llegar que la atmósfera del planeta es muy similar a la de la Tierra, aunque Soror es iluminado por tres estrellas semejantes a nuestro Sol. Los viajeros perdidos han descubierto sobre la superficie del planeta signos arquitectónicos que hablan del florecimiento de una civilización bastante parecida a la de la Tierra, aunque con características extrañas. Al adentrarse en la exploración, no tardan en ser hechos prisioneros por unos simios de indumentaria cuasi militar, y ser enjaulados como si fuesen animales, por más que intentan explicar que su presencia es pacífica y su origen es terrícola.
Es así como Boulle comienza paso a paso con la descripción de una barroca civilización de monos con costumbres extrañas que se mueven dentro de una estrambótica sociedad de castas que gobiernan aquel mundo en donde los humanos son vistos como bestias, y son por lo mismo confinados en jaulas para ser exhibidos como esclavos.
Lo que puede parecer insólito -y yo diría que hasta chocante- es la altivez con que esta estirpe de primates venidos a más pondera su superioridad intelectual y evolutiva sobre los humanos, y por ello se burlan de los hombres hasta el punto de la ridiculez. Para los simios es evidente que su civilización ha llegado a alcanzar el más alto nivel de desarrollo moral a que puede aspirar una raza, y es por ello que cualquier oferta de conocimiento que hagan los humanos será vista como inferior y tratada con intransigencia y desprecio.
A pesar del desconsuelo de los aventureros por comprender lo que sucede, llegan a aparecer en algunos de los simios -sólo en unos cuantos- ciertos rasgos de comprensión y compasión que hace que surjan lazos de simpatía con uno de los visitantes, Ulysse Merou. Con éste Ulysse compartirá el pequeño grupo de simios subversivos sus ideales y valores, como el respeto a la vida, el rechazo a la violencia que despliega la casta gobernante, y sobre todo, el amor por sus semejantes.
Es notorio que el género más radical y violento entre los simios sea el de los chimpancés, que usan a los hombres como conejillos de indias para hacer salvajes experimentos, algo que crudamente nos lleva a recordar que en La Tierra, los simios son tratados con la misma crueldad. Y aquí es donde Boulle enfrenta al lector con su propia realidad. ¿Serán capaces los humanos de conservar la supremacía sobre el resto de las especies antes de que se autodestruyan ellos mismos?
La novela nos muestra, finalmente, un desenlace asombroso, algo que pocas historias de CF son capaces de ofrecer. Ulysse, el humano que logra sobrevivir, puede escapar con Nova, su amante, haciendo uso de un satélite que le transporta hasta su nave espacial. Allí dentro vivirá la pareja con su pequeño hijo, que ya ha comenzado a decir sus primeras palabras, y como buena familia humana se volverán a la Tierra con el corazón lleno de esperanzas. Pero cuando llegan por fin a ella, sus emociones no tienen límites.
Boulle desmuestra aquí su maestría mostrándose aún más implacable. La primer sorpresa para el lector es que en el área donde aterrizan, no son recibidos precisamente por humanos, sino por simios. Y así es como concluye la lectura del manuscrito hallado en la botella por los viajeros vacacionistas.
Pero la vuelta de tuerca -para cerrar la historia con pericia-, es darnos cuenta que la pareja que ha encontrado la botella con el manuscrito, aquella pareja que cuenta el relato, resulta ser también de simios, simios ociosos viajando por el espacio sideral en busca de aventuras, y que forma parte de una civilización donde la ciencia ha avanzado tanto que sólo se requiere contar con el medio de transporte estelar para visitar planetas y constelaciones sin problemas.
Increíble desenlace.
Tags: Libros, Pierre Boulle, Planeta de los Simios