miércoles, 24 de junio de 2009



“Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni se hará otra.”

(Jeremías 3:16)


¿Se cumplió la profecía?

Hay un misterio que es grande y que aún no tiene respuesta: ¿En dónde está el Arca del Pacto?

Y es que hasta el día de hoy, en toda la historia humana, hay diversas consideraciones acerca del Arca de Dios.  Para algunos es un objeto místico y sagrado, para otros un símbolo hecho de madera y oro con poderes terroríficos y sobrenaturales. Para los científicos e historiadores se torna en un objeto demasiado valioso al que hay que encontrar para probar el dicho bíblico. Y para los incrédulos simplemente es una fábula, algo que jamás existió.

Pero por encima de cualquier consideración humana me parece que la que debe interesar es la consideración divina, y ésta sólo la encontramos en las Sagradas Escrituras.


Primera mención

El Arca del Pacto es mencionada por primera vez en Éxodo 25. Dios instruye a Moisés en el monte Sinaí para que construya un Tabernáculo en el cual los israelitas le adorarían a Él. El objeto más sagrado dentro de este Tabernáculo, colocado en el Lugar Santísimo, era justamente el Arca, hecha de madera de acacia y recubierta de oro, que medía 2.5 codos de largo por 1.5 codos de ancho y de alto. Por encima de ella había dos ángeles querubines hechos a cincel con oro macizo y con sus alas extendidas cubriendo el área del Arca conocido como el Propiciatorio.

En el interior del Arca había tres cosas que Dios había ordenado mantener ahí: Las Tablas de piedra de la Ley (los Diez Mandamientos) dados por Dios a Moisés, la vara del sacerdote Aarón (el hermano de Moisés) que había reverdecido, y un pote de oro conteniendo maná, el alimento celestial que sustentó a los israelitas en el desierto durante los 40 años que duró el éxodo.


El propósito del Arca

Dios se manifestaba al pueblo en aquel Tabernáculo, por eso los israelitas llevaban consigo el Tabernáculo con el Arca a donde quiera que fueran. El Arca del Pacto, incluso, iba siempre con ellos en las guerras contra sus enemigos.

El texto bíblico muestra repetidamente que donde hay pecado, hay muerte. El sacrificio de animales era un ritual necesario para expiar el pecado del pueblo, y estos sacrificios se hacían precisamente en aquél Tabernáculo. Porque la Biblia señala que el pecado requiere ser expiado para que se cumpla la voluntad de Dios, ya que Dios es tres veces Santo.

La misericordia de Dios permitió que los pecados de Israel fueran transferidos, en un principio, a la muerte de los animales sacrificados. Pero lo importante de todo esto es que estos sacrificios presagiaban otro sacrificio aún mayor que tendría lugar un día: el sacrificio de Jesucristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.

 

El cumplimiento del propósito divino

El sacrificio del Cordero de Dios,  Jesucristo, era necesario para expiar definitivamente los pecados no sólo del pueblo de Israel, sino de toda la humanidad. Por lo tanto, Dios proveyó a Jesucristo como el supremo cordero expiatorio, el pan del cielo, lo cual se convirtió en el más grande acto de amor de toda la historia humana.

Una cruz romana vino a ser el arca sobre la cual Jesucristo fue sacrificado. La sangre de Cristo, de una vez por todas, expiaría todas las culpas de todos los que le aceptaran como su Salvador (Juan 3:16).


Desaparición del Arca

Pero imprevistamente el Arca del Pacto desapareció del Templo judío en algún momento de la historia. Lo último que se sabe de ella por el testimonio bíblico es que se hallaba dentro del Templo de Jerusalén en el momento en que la ciudad fue invadida y destruida por los babilionios en el año 586 A.C. Nadie supo nunca más de ella hasta hoy.

¿Fue llevada a Babilonia y ahí desapareció? ¿Fue escondida por los sacerdotes en algún lugar desconocido? ¿Fue Dios quien la hizo desaparecer para cumplir lo dicho a través del profeta Jeremías?

Lo cierto es que el Arca se esfumó. Y ante la evidencia de su inexplicable desaparición lo único plausible es que la profecía del profeta Jeremías  se ha cumplido, por así decirlo, al pie de la letra. “Y acontecerá que cuando os multipliquéis y crezcáis en la tierra, en esos días, dice Jehová, no se dirá más: Arca del pacto de Jehová; ni vendrá al pensamiento, ni se acordarán de ella, ni la echarán de menos, ni se hará otra.”

Y por supuesto, nunca se ha hecho otra, ni se hará. No al menos con las características divinas y la presencia del poder del Altísimo en ella.

Pero aquí hay algo curioso. Siglos antes del nacimiento de Cristo la profecía de Jeremías reveló que no habría más necesidad del Arca del Pacto en el futuro. Dios tenía un pacto mejor que Él habría de llevar a cabo públicamente: el nuevo Pacto a través de la preciosa sangre en Su Hijo Jesucristo.

El Arca del antiguo Pacto no se necesitaría más. El nuevo Pacto, ya cumplido, le sustituiría para siempre.

Y del Arca, efectivamente, muy pocos se acuerdan ya. Y no hay ni siquiera un rastro de ella.



Tags: Biblia, profecías, Arca del Pacto, Jeremías

Publicado por OswaldoLilly @ 0:24
Comentarios (3)  | Enviar
Comentarios
Publicado por Visitante
miércoles, 08 de julio de 2009 | 17:51
Mmmm, bueno pues si, literalmente la preofecia se cumplió, y lo digo porque toda profecía, si es de Dios, simplemente se cumple. punto.
Publicado por Visitante
miércoles, 26 de agosto de 2009 | 18:22
Se dice que Salomon se la dio a la reina de Saba, pero no hay manera de saberlo con certeza, igual que las otras teorías... solo una cosa es verdadera: que desapereció, y se cumplió así la profecía, es verdad.
Publicado por Visitante
sábado, 17 de octubre de 2009 | 0:17
que importante seria saber la respuesta