
Ya sé que la fotografía, más allá de ser un pasatiempo, también es arte.
Y ya sé que en cada disparo ha quedado cautivo, con tan solo un flashazo, un momento irrepetible de la historia del mundo. He ahí su gran valor.
Digo valor histórico, valor emocional, valor moral, porque una imagen siempre vuelve a reproducir en un vistazo, por decirlo así, los mismos recuerdos, los mismos sentimientos, los mismos ánimos, las mismas impresiones. Y esto pesa bastante. Esto es arte, cultura y todo lo demás.
Lo que no puedo entender es que a voz en cuello se le dé un valor estratosférico a una fotografía, a un cuadro de pintura, a un objeto cualquiera. Esto se llama bussines, claro está, y es una corriente que ha sido promovida e impulsada principalmente por el capitalismo gringo.
Y esta mancha capitalista ha cubierto al mundo –por no decir contaminado-, de tal suerte que hoy, casi para todos los que poblamos la Tierra, lo que los comercializadores valúan por precio en el mercado es aceptado por la gente sin replicar. En fin.
Es una lástima que se tasen estas obras por dinero y no por su verdadero valor artístico.
Hoy se nos dice que una foto denominada Cowboy, la de un anuncio de revista de Marlboro, tomada en 1989 por Richard Prince, se ha tasado en 1 millón 248 mil dólares, y que por tal valor ocupa el tercer puesto entre las 10 mejores fotografías de todos los tiempos. Juar juar. Deberían decir mejor las 10 más caras como resultado de la aquiescencia pública en una subasta.
Y yo me pregunto: ¿Quién ha decretado tal cosa? ¿El mercado? ¿La subastadora Christie's de Nueva York? ¿Los pujadores?
Bien. Creo que una fotografía, cualquier fotografía, tiene un valor especial por sí misma como toda imagen del mundo, cualquier imagen que sea una representación de lo que hay en el mundo. Ese es su verdadero valor. No el dinero que nos dicen que vale o pretende valer.
Y lo demás... bueno, lo demás es simplemente negocio, negocio por cierto no tan puro.
Tags: fotografía, subastas