
No sólo los libros son portadores de noticias, también el cine.
Y en estos tiempos aciagos en donde el mundo se debate entre la vida y la muerte, no podía faltar el mensaje apocalíptico que ha sido tan reiterado en los últimos tiempos.
Y uno de los cineastas del fin del mundo, Roland Emmerich, reta otra vez nuestra imaginación con su nuevo filme: 2012.
Y es que si se trata de retos, Emmerich ya lo hizo antes con Día de la independencia y El día después de mañana, cintas que retratan cada una su propio final del mundo, con una aceptación del público bastante notable. No hay duda de que la gente se siente atraída por todo lo que tiene que ver con desastres.
Pero bien se puede decir que 2012 no es una película como las otras. Esta es distinta por cuanto aborda directamente un tema profético tan de moda en estos días y al parecer mencionado por distintas fuentes en diferentes épocas, entre ellas la profecía maya, que según los conocedores predice el fin del mundo para el 21 de diciembre de 2012, una fecha tan precisa como su sorprendente y antiquísimo calendario.
¿Qué hecho inesperado destruirá la Tierra? ¿Está vinculado con la visión de Nostradamus? ¿Pudieron los Mayas prever el fin? ¿Concuerdan estas profecías con el Apocalipsis de la Biblia?
La cinta debe tener lo suyo, eso ni se duda. Pero una cuestión que no va, definitivamente, es que Emmerich –quien por cierto tiene apellido de vidente porque nos hace recordar a la famosa médium Catalina de Emmerich- haya insertado deliberadamente en su filme la publicitación de tres sites web, como el Instituto por la Continuidad de la Humanidad, una organización free que desde hace tres décadas se ha venido preparando para el cataclismo final y la posible conservación de la vida terrenal.
Entre otras medidas de escape de la supuesta hecatombe que promueve el Instituto está la “lotería para la supervivencia”, algo que tendrá que sopesar por sí mismo quien decida adentrarse en la página.
Más allá del marketíng de la peli, uno tendría que preguntarse: ¿Será la influencia gravitacional de Hercólubus lo que nos destruirá? ¿Será acaso una guerra nuclear parida por el egoísmo humano? ¿Aparecerán otras potencias que conmoverán los cielos?
Habrá que ver la propuesta de Emmerich, naturalmente, sin dejarse llevar por la fantasía.
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