En estos días se montará en España la historia de Ben-Hur como obra de teatro. Para ello se construye un fastuoso escenario que incluye un enorme barco o galera como fondo, casi igual que las usadas en el año 30 d.C., que es cuando la trama transcurre.
Esta noticia me hizo pensar, claro, en el libro de Lewis Wallace, y bueno, lo he recordado ahora más que nada por su importante mensaje: La verdadera victoria no está en la posesión de bienes y placeres terrenales, sino en la paz espiritual de Dios.
Y es que allá por el año 1880, de la mente de Wallace surgió esta historia de un aristócrata judío, hijo de un príncipe de Israel, y muy joven de edad llamado Ben-Hur, que vivió en el tiempo en que Jesucristo predicaba Su Palabra. La novela se convirtió en una de las mejores historias de todos los tiempos.
Al noble Ben-Hur, rico por heredad, la fortuna le sonríe. Tiene a su madre y a su hermana, y tiene también un amigo entre los tribunos romanos: Mesala. Éste es un defensor del imperio y un fanático de sus leyes; Ben-Hur es en realidad un hombre bueno y pacífico. Pero el destino se encarga de enfrentarlos a causa de un accidente al herir la hermana de Ben-Hur involuntariamente al gobernador Valerio Grato durante un paseo del ejército romano por las calles de Jerusalén.
Como era de esperarse en un hombre de noble corazón, Ben-Hur se declara culpable a fin de que su hermana no sea condenada, confiando en que su amigo Mesala lo apoyará ante las autoridades romanas. Pero no sucede así.
Y entonces surge la verdadera personalidad de Mesala, quien es cruel, radical y traicionero. Ben-Hur es entonces capturado y obligado a trabajar como esclavo en un barco romano.
Su madre y sus hermanas enferman de lepra y son obligadas a vivir en cuevas apartadas de la sociedad. Ben-Hur, sin saber por qué, lo ha perdido todo. Aunque hay un propósito mayor en todas estas desgracias, él todavía no lo sabe.
En su cautiverio conoce al tribuno Arrio, a quien salva la vida durante una batalla con una nave pirata. Y más tarde, Ben-Hur obtiene su libertad con la ayuda de Arrio y se convierte en un soldado cuyas emocionantes hazañas, plenas de destreza y bravura, lo vuelven un héroe legendario.
Pero lo más maravilloso es cuando vuelve a Jerusalén muchos años después y encuentra su casa abandonada. Aquí está justamente el corazón de la historia y el mensaje que Wallace nos quiso dar a todos: Hacer tesoros en el cielo.
En fin, que recomiendo Ben-Hur por tratarse de un libro magistral que te envuelve con su historia extraordinaria.
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