"[...] No puedo recordar exactamente cómo fue que hablamos sobre el señor Clutter. Debió de ser cuando recordamos los empleos, los distintos trabajos que habíamos hecho [...] Le conté que yo había trabajado durante un año en un importante campo triguero, en el oeste de Kansas. Para el señor Clutter. Quiso saber si el señor Clutter era un hombre muy rico. Le dije que sí. [...] Y desde entonces nunca jamás dejó Dick de preguntarme cosas de aquella familia. ¿Cuántos eran? ¿Que edad tendrían los niños? ¿Cómo se llegaba a la casa exactamente? [...] Dick empezó a hablarme de matar al señor Clutter. Decía que él y Perry se irían para allá a robar y matarían a todos los testigos, a los Clutter y a quien quiera anduviera por allá. Me describió docenas de veces cómo iban a hacerlo, como él y Perry iban a atarlos y después a pegarles un tiro. [...]"
Truman Capote fue capaz de retratar con toda su brutalidad y crudeza el múltiple asesinato de una familia inocente. La descripción literaria de cada capítulo es simplemente escalofriante, pero a la vez genial y de un realismo sobrecogedor.
En un pueblo de Kansas llamado Holcomb vive la familia Clutter. Todos conocen a los Clutter en aquél lugar tranquilo donde nunca pasa nada. Nunca, hasta aquél 15 de noviembre de 1959, cuando los cuatro miembros de la familia Clutter son salvajemente asesinados después de ser atados y acribillados a tiros.
En apariencia no había un motivo para este crimen, y no se encontraron pistas para identificar a los asesinos, que al final resultan ser Dick Hickcock y Perry Smith, dos expresidiarios que ni siquiera conocían a los Clutter.
Así es como inicia la estrujante novela A Sangre Fría de Truman Capote, obra cumbre del periodista-escritor que lo marcaría de por vida. Y lo digo porque la obra, que comenzó con una sencilla visita como reportero a Holcomb por parte del periódico The NewYorker, acabó siendo su mejor trabajo literario, pero además, sin él saberlo selló también el fatídico final de su azarosa vida.
Las cosas no fueron tan simples. La novela tardó seis años en ver la luz (no se publicó hasta 1966), ya que el final requería incluir la narración de la ejecución de los asesinos. Esto hizo que se postergara una y otra vez su lanzamiento debido a las continuas apelaciones de los acusados.
Capote, por esta causa, sufrió de gran depresión y ansiedad. Se dice por otra parte que el autor llegó a estimar tanto a los dos criminales (esto debido a las constantes visitas para entrevistas que sostuvo con ellos en la cárcel para terminar de escribir la novela, y de seguro a algún tipo de identificación sicológica con alguno de ellos, al parecer con Perry), que la muerte de los dos convictos en la horca afectó tremendamente su vida, que poco a poco se derrumbó.
Fue a partir de ahí que sus problemas personales se complicaron más y su salud se quebrantó sensiblemente. De todo esto Capote ya nunca logró recuperarse hasta que murió en el año de 1984.
Su vida, de manera increíble, se había ligado de por vida a una de sus obras, a su obra cumbre, y también a sus personajes, hasta el mismo final de su existencia. ¿No es esto misterioso y paradójico?
De hecho es conmovedor que sucediera todo esto, que para no variar, él mismo se profetizó sin saberlo: “Escribir el libro no me resultó tan difícil como tener que vivir con él”.
Tags: Truman Capote, Libros, literatura