viernes, 04 de septiembre de 2009

Bueno, como quiera que el diablo exista o no exista (esa es una creencia personalísima), hay una leyenda que es ciertamente diabólica. Esto lo juzgará cada cual.

Un muchacho negro con aspiraciones de guitarrista se halla totalmente inepto para tocarla. Trata con otros guitarristas de su tiempo (estoy hablando de los años 30) pero ninguno le ve talento ni habilidades para tocarla.

El joven decide casarse, pero su mujer es víctima de un lamentable designio: ella fallece en el parto. Y de hecho ahí comienza su tragedia. El joven empieza a beber y a disiparse. Y de repente desaparece del mapa –unos dicen que se esfumó por unos meses, otros que un año, y los más, que desapareció dos años-, pero al cabo retorna a su pueblo convertido en todo un maestro de las cuerdas.

Y así es como se inicia una carrera musical muy corta que, sin embargo, sentaría las bases técnicas en los anales del blues y del rock, ritmos que estaban por aparecer en el horizonte de la historia. Hablo por supuesto de Robert Johnson, quien se dice que confesó alguna vez que, en efecto, había vendido su alma al diablo justo en un cruce de carreteras en Clarksdale.

A partir de entonces Johnson comienza a producir las obras más prodigiosas del blues, obras que serían el pedestal de inspiración de connotados guitarristas y compositores modernos, como The Rollings Stones, Bob Dylan, Eric Clapton, Led Zeppelin y muchos otros.

Johnson entonces hizo época; marcó un estilo y creó las primicias tonísticas y acústicas que más tarde influirían en las corrientes musicales mayoritarias. Pero lo más sorprendente es que, no obstante su gran calidad musical, seis de sus canciones hablen del diablo. Sí. Robert Johnson sólo hizo un par de sesiones para grabar, pero en esas dos sesiones pudo dejar para la historia 29 canciones clásicas, fantásticas e inéditas.

En noviembre de 1936 grabó Crossroad blues (El blues de la encrucijada). La rola va más o menos así: 

"Fui a la encrucijada y caí de rodillas,

pedí al Señor, ten piedad,

salva, por favor, al pobre Bob"

¿De qué experiencia tan terrible en un cruce de caminos habla Johnson aquí?

Posteriormente volvió a grabar otras pocas canciones. Una de ellas fue Love in vain, un single maravilloso que es un retrato de su tristeza reflejada. Esta rola, por cierto, también la lanzaron los Stones en los años 70. Hay otra que se titula nada menos que "Me and the devil blues". En ella, Johnson deja oir con su extraña voz sonora:

“Early in the morning,

when you knock at my door,

Early in the morning,

when you knock at my door,

I said Hello Satan,

i believe it’s time to go”.

Robert Johnson murió joven. ¿Tenía que entregar su alma? Apenas a los 27 años se le fue la vida, justo en un cruce de caminos, cerca de Greenwood, Missisipi. La gente de su época dijo que fue envenenado, pero hasta hoy nadie puede asegurarlo.

Hay una canción que él nombró Yo y el diablo. En ella, Johnson dice:

"Enterrad mi cuerpo junto a la carretera,

para que mi viejo y malvado espíritu

pueda subirse a un autobús de la Greyhound

y viajar…"

Hoy, el cruce de las carreteras 61 y 49 en Clarksdale, en donde se dice que el diablo afinó una noche la guitarra de Johnson (o más bien donde le enseñó a tocarla, ¿quien sabe?), se ha convertido en punto de peregrinación para muchos. A esta clase de turismo no sé como llamarle.

Pero con peregrinaciones o sin ellas, la leyenda diabólica de Robert Johnson aún sigue en el misterio.


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Milady,
¿por qué te has ido?



Tags: Robert Johnson, Blues, música

Publicado por OswaldoLilly @ 2:12
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Comentarios
Publicado por Sarah Zabludovsky
lunes, 07 de septiembre de 2009 | 16:20
yo solo quiero que noten muy bien sus manos... despues pueden decirme lo que piensan