Es curioso, pero William Faulkner dijo alguna vez que Moby Dick era el libro que a él le hubiera gustado escribir.
¿Será por el modo en que Melville encarnó la lucha entre el bien y el mal a través de un cetáceo blanquísimo y su perseguidor obsesivo?
Veamos: Las dimensiones de este animal en tamaño e inteligencia ha cautivado la imaginación del lector por décadas, pero en este libro hay también muchos otros retratos de vida, muchos otros interlocutores que son iconos notables y que prefiguran la misma encarnación.
Tenemos por ejemplo a Ahab, el tullido capitán del Pequod –tullido del pie, mas no de la voluntad-, a quien Moby Dick le había cercenado una pierna en su primer intento por cazarla. ¡Qué escaramuza sangrienta! Y está también presente, cómo no, su irrevocable deseo de desagravio traducido en dos palabras: vengarse o morir.
A Ahab naturalmente no le importa la supervivencia de su extraña e híbrida tripulación, que juega un papel destacadísimo en la historia. Su odio sencillamente supera las fronteras de la quilla de su barco fatal, y aún supera igualmente las mismas fronteras del inmenso océano que será su tumba. A Ahab sólo le mueve el odio que le bulle entre ceja y ceja y que es su verdadera razón de vivir.
Melville logra retratar con gran talento el dramático paradigma del capitán obnubilado: Él no volverá atrás aunque se oponga el mismo infierno. ¿Se ha visto una obsesión tan diabólica como la suya?
Y así, de día y de noche, en tanto el barco se mece y navega sobre la amplia y transparente cortina del mar, los vigías contemplan el horizonte en busca de una agitación, un ondeo, un leve rastro de la presa que, a su vez, tan solo espera el momento preciso para actuar y acabar con todos. Tremenda narración ésta que ya hizo historia.
A Herman Melville le vino la idea de escribir el libro, sin duda alguna, cuando era pescador de ballenas en Nantucket. Y por fin lo hizo y lo publicó en 1851, aunque la historia no fue tan bien recibida en su tiempo. ¿Se sintió Melville desalentado? Tal vez sí.
No importa. Hoy Moby Dick es uno de los mejores libros de aventuras que se han escrito en la literatura. El tiempo, finalmente, ha sido su mejor sinodal.
Quiero decir por último que este libro de bolsillo llegó a mí por primera vez de manos de un profesor, cuando cursaba el cuarto año de primaria. Aún sigo en deuda con él.