Verdad es que siempre consideré a Tom Hanks como uno de los actores serios y fuertes de Hollywood no tan solo por su innegable talento -su actuación en The Green Mile fue de las mejores-, sino porque los temas de película que escogió durante muchos años siempre tenían algo nuevo qué decirnos.
Por ello me extrañó cuando Tom se embarcó en el proyecto del ínclito Dan Brown y su Código Da Vinci, un mamotreto mendaz y patrañero que al ser llevado al cine fue, a mi parecer, un categórico fracaso. Y es que el tema del libraco, para decirlo con franqueza, no daba para más.
Luego vino Ángeles y Demonios, y ¡zas!, ahí estaba Hanks a disposición de Brown, tanto que da la impresión de ya no querer hacer cine como en sus viejos tiempos. Y bueno, que sus declaraciones de ahora son una prueba muy clara de que Tom se ha anclado de por vida al mediocre autor de bestsellers de mentirita.
Y es que El símbolo perdido (¿con qué otra pajarota nos saldrá Brown esta vez?) es la nueva novela que llegará a finales de octubre a México, y que tiene de nuevo al profesor Robert Langdon como protagonista (ya chole con Robert Langdon per dieu). Y de ella ha dicho ya Tom Hanks: “Terminé de leerla la semana pasada. Dan sabe cómo tejer una buena historia y espero que me convoquen si la llevan al cine”
¿Pues cuál es la meta de Tom en su madurez? ¿Los demonios y los símbolos de la lana?
Allá él.