Se asegura que los chinos ya pueden hacer llover y hasta pueden hacer nevar de manera artificial: Tan solo disparan al cielo cohetes con dosis de yoduro de plata, y listo.
De hecho este jueves que pasó, supuestamente hicieron 186 disparos hacia las nubes… y sucedió: Una espesa nevada cubrió repentinamente de blanco todo Pekín, y se desató un vendaval que tumbó árboles y quemó ramas por todas partes. ¿La temperatura ambiente? Tres grados bajo cero. Al menos eso es lo que dicen ellos.
Bien. Si los chinos lograron esto, es increíble. Porque esta gente ha podido mudar de golpe un día primaveral y soleado en un crudo azote invernal, y esto parece algo de ficción. Y claro, la justificación del gobierno es esta: «No perderemos ninguna oportunidad de precipitaciones artificiales porque Pekín padece una prolongada sequía»
Okay, okay. Pero como no sabemos cuál será el impacto ambiental de todo esto –según ellos no hay riesgos-, yo lo tomo con todas las reservas por si las dudas.
No digo que no debamos inducir las temperaturas y los climas cuando así convenga a determinadas áreas del planeta, sobre todo en prolongadas sequías que amenazan la vida. Pero no olvidemos que tales sequías, en último término, son consecuencia del gran cambio climático a nivel mundial que ha sido producido, para no variar, por nuestras propias estupideces.
Lo que quiero decir es que si hoy se induce lluvia en un punto determinado, tales nubes descargarán volumen. Pero esas mismas nubes no llevarán líquido a otras regiones –o al menos no en el volumen natural necesario-, por lo que tan sólo estaríamos “traspasando” el problema de sequía hacia otras zonas que más adelante sufrirán carencias. Te quito a tí para tener yo, vamos.
Y todo esto, digo, aparte del potencial contaminante que pudieran generar los residuos de un metal pesado como es la plata.

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