miércoles, 04 de noviembre de 2009


"Uno de los grandes problemas de la vida es que no podemos tener ninguna emoción pura."

William Butler Yeats.



Los grandes bosques solitarios y oscuros donde el silencio reina, la actividad no tan clandestina de los muertos, seres intermedios como los duendes, las musas, los juglares de las sombras, y todo eso, es lo que uno encuentra en este libro de William Butler Yeats [Dublín, 1865- Roquebrune-Cap-Martin (Francia) 1939], Premio Nobel de Literatura 1923.

El crepúsculo celta es más un conjunto de episodios que un libro de relatos. “Muchos proceden de historias o leyendas que Yeats escuchó en la provincia de Sligo, donde pasó su infancia”, dice Javier Marías.

Butler Yeats no dejó nunca de ser un tipo extraño, independientemente de su inteligencia y talento. En 1885 participó en la creación de un grupo denominado The Dublin Hermetic Society, y en 1887, Yeats se une a la Theosophical Society. El poeta y escritor irlandés también perteneció a la sociedad secreta Golden Down, tan mencionada en el libro El Retorno de los Brujos de Pauwels y Bergier, y en la que supuestamente militaron los altos mandos alemanes incluyendo a Adolfo Hitler.

“Yeats fue un adelantado de los años sesenta que opta por una literatura de claroscuros", dice de él Juan Villoro. Y es que El crepúsculo celta y La rosa secreta se mueven en un ambiente sombrío, pero a la vez deslumbrante. Los libros   fueron escritos justo en los años en que William Butler Yeats decidió su estética, su moral de vida y sus convicciones religiosa y políticas.

Hay una frase en uno de los cuentos de El crepúsculo celta en la que Yeats duda sobre la percepción última que tenemos de las personas: “Uno de los grandes problemas de la vida es que no podemos tener ninguna emoción pura. Siempre hay en nuestro enemigo algo que nos gusta y en nuestro amor algo que nos desagrada. Es este enredo químico lo que nos hace viejos y nos arruga la frente y hace más profundos los surcos de nuestros ojos”.

Yeats fue hijo de un filósofo y pintor, y creció a la sombra de su madre “que amaba a Irlanda en la misma medida que odiaba todo lo inglés”.

En la lápida colocada en su tumba puede leerse el siguiente epitafio: “Jinete, echa una mirada sobre la vida, sobre la muerte y sigue adelante”.







Tags: William Butler Yeats, libros

Publicado por OswaldoLilly @ 0:32
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Publicado por Dacia Glez
miércoles, 04 de noviembre de 2009 | 19:58
Fantástico. Tengo entendido que el Dr. Willy Ley perteneció también a esas sociedades secretas de Yeats, creo que la Golden Down. ¿Pero qué de los Rosacruces? ¿Tuvo que ver algo Yeats en eso? Muchos saludos