
En el año 1898, cuando se construía un puente de ferrocarril sobre el río Tsavo, en Kenia, comenzaron a aparecer de pronto cuerpos de trabajadores despedazados.
Esto provocó el terror entre las compañías y decidieron suspender los trabajos de construcción. Los hechos dieron lugar al argumento de la película The Ghost and the Darkness, que se estrenó en 1996 con renombrado éxito.
¿Qué fue lo que llevó a los leones a atacar a los humanos? Nadie lo sabe. Se tejen historias, se inventan hipótesis. Una de ellas por cierto habla de los cambios medioambientales ocurridos en esa parte de Kenia, que redujeron sustancialmente la caza habitual de los leones –casi no había cebras y antílopes-.
Otras teorías especulan sobre las posibles lesiones en la dentadura y las mandíbulas de los leones, que al saberse limitados en su herramental predador, dirigieron su atención hacia los trabajadores del ferrocarril. La caza nocturna perfecta.
Se afirma que estos dos leones se comieron a 135 personas. La cifra se dice fácil pero es un número brutalmente trágico. Por ello fue que un coronel, John Henry Patterson, decidió acabar con la pesadilla. En diciembre de aquél mismo año, después de muchas noches de insomnio y vigilia, mató a ambos leones con tan sólo días de diferencia.
Hay un estudio al respecto que se publicó en el Proceedings of the National Academy of Sciences. En él se analizó el pelo y la dentadura de los leones para determinar qué habían comido. El resultado fue fatal: los asesinos salvajes habían devorado a muchas víctimas humanas.
Este es uno de los pocos casos en que la voracidad asesina de animales salvajes es confirmada por la ciencia.
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