
No es que siempre se tenga que filmar una historia tal como está planteada en el libro original. Ejemplos hay muchos en el cine.
Lo curioso es que a veces, aún fuera de todo contexto histórico, una trama puede llegar a trascender, a conmover, a “hacer su propia historia” en el corazón del veedor. Troya, por ejemplo, no es nada de lo que Homero escribió, pero a cambio la cinta nos ofrece kilos de violencia y sangre, y kilos de acciones bien logradas, y pega, como en muchos otros casos, y deja huella.
El Cid de Charlton Heston es tan infiel al manuscrito que da pena ajena. Pero la cinta fue un exitazo en su tiempo. So is the movie.
Y bueno, Lancelot (First Knight) también da esta sensación. Nada de ajustarse al libro, nada de Mesa Redonda, nada de Excalibur, nada de Morgana, pero las actuaciones y el guión son geniales. Por eso es que dan ganas de verla y de volverla a ver mil veces.
Uno, vamos, se llega a enamorar de la hermosa Guinevere (Julia Ormond) y también sentirse Lancelot (Richard Gere) por más de dos horas jeje. Hasta que ves aparecer las tres letritas en el centro de la pantalla.
Este finde me la bebí, y la verdad la peli me llegó. Pero también me enfrentó conmigo mismo, tengo que decirlo: ¿Cómo es que una historia de infidelidad puede provocar todos estos sentimientos? Es simple: por ese extraño e incomprensible poder que tiene el amor humano.
Infidelidad a la historia original, y por si fuera poco, infidelidad entre los personajes. Cine corrupto y deshonesto tal vez, pero maravilloso.
So is the movie.