
Iba a comentar algo sobre la Cumbre de Copenhague, que la verdad es tan solo un monstruo consumidor de dólares y euros, pero me abstengo.
Con todo el relumbrón publicitario, el poder mediático, la fuerza bruta y las pocas ganas de hacer algo por la Tierra, me parece una soberana engañifa -tan inútil como los convocados- que cabe perfectamente en la vieja clasificación de Ciro el Grande: “No creo en hombres que pierden el tiempo reuniéndose en las plazas para mentirse y engañarse unos a otros”.
Tampoco me dieron ganas de hablar hoy de los sacrificados de México, de las súper-operaciones del ejército (dicen que son marines) ni de los capos muertos. ¡Basta ya de sangre, sobre todo la inocente!
Prefiero decir sólo una cosa: Ni el cine, ni el teatro, ni la televisión, ni el internet están sirviendo de escape a una sociedad aterrada y ensangrentada por el crimen y la mentira de estos tiempos.
¿Le sirve de algo al mundo que se sigan diciendo mentiras y autoengaños?
Mentiras en los noticieros, engaños en las cumbres, embustes en las cifras, sátiras en la política, falacias en las crisis y …
Unos dicen que no es el fin, otros dicen que puede que lo sea.
Prefiero ignorar estos dichos y acogerme a lo que dijo Ciro el Persa hace 2550 años.
¡Copenhagen!
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