
Es curioso, pero algunos han comparado al Pato Lucas de las caricaturas (Daffy Duck) con el Sísifo de la mitología griega. ¿Será?. Bueno, si pensamos en que los dos cargan con el estigma de ser siempre perdedores, pues entonces debe de haber algo de cierto jeje.
Y es que Sísifo, según la mitología, es condenado a empujar por la eternidad una pesada piedra hasta la cima de una montaña, y cuando la piedra vuelve a rodar cuesta abajo, tiene que repetir la misma acción sin poder echarse atrás.
En fin, que Lucas, más que perdedor, ha sido de por vida y por encima de todo un engañador, un mentiroso, un hablador, un fanfarrón, un gritón, un murmurador, un ventajista… por ello la pregunta es: ¿Por qué las audiencias del mundo, a pesar de todo, adoran a este neurótico pato negro? Nadie lo sabe.
Digamos que Lucas, como personaje del viejo cómic ha tenido una larga evolución en manos de sus creadores. Y han sido cuatro las manos de la Warner Bros. que le han mecido la cuna (o le han cargado la piedra jeje): Tex Avery, Friz Freleng, Bob Clampey y Chuck Jones.
El tozudo pato negro (que a todos hace reír) ha sido siempre antihéroe; alguien que, sintiéndose el protagonista de una historia, se ve obligado a ceder los reflectores a otro personaje de “menor nivel”, como su ayudante Porky, o Elmer, o hasta Speedy.
Pero aún con todo y su negro estigma (y sus negras plumas), y con la tremenda carga de fallas y pecados sobre sí, Lucas ha deleitado a varias generaciones de televidentes y cinéfilos, por no hablar de los millones de lectores de cómics que lo tienen puesto en lo alto de un pedestal, no como antihéroe, sino más bien como el héroe más extraño de la mitología cómica.
¡Duck!!!
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