viernes, 19 de febrero de 2010



Daría todo lo que sé, por la mitad de lo que ignoro.
René Descartes.


A raíz de la campaña de excavaciones que arqueólogos mexicanos están realizando en el viejo Valle de los Reyes, he recordado uno de los extraños relatos que Heródoto, el Padre de la Historia escribió sobre las costumbres de los egipcios antiguos en su Libro Segundo, también denominado Euterpe.

Aquí Heródoto:


«Acerca del Nilo baste lo dicho. Paso a hablar del Egipto con detenimiento, pues comparado con cualquier otro país, es el que más maravillas tiene y el que más obras presenta superiores a todo encarecimiento… Los egipcios, con su clima particular y con su río, que ofrece naturaleza distinta de la de los demás ríos, han establecido en casi todas las cosas, leyes y costumbres contrarias a las de los demás hombres. Allí son las mujeres las que compran y trafican, y los hombres se quedan en casa, y tejen. Tejen los demás empujando la trama hacia arriba, y los egipcios hacia abajo. Los hombres llevan la carga sobre la cabeza, y las mujeres sobre los hombros. Las mujeres orinan de pie, y los hombres sentados. Hacen sus necesidades en casa, y comen fuera, por las calles, dando por razón que lo indecoroso, aunque necesario, debe hacerse a escondidas.


«Ninguna mujer se consagra allí por sacerdotisa a dios o diosa alguna; los hombres son allí sacerdotes de todos los dioses y de todas las diosas. Los varones no tienen ninguna obligación de alimentar a sus padres contra su voluntad; pero las hijas tienen entera obligación de alimentarlos, aún contra su voluntad.


«En los otros países los sacerdotes de los dioses se dejan crecer el cabello; en Egipto se rapan. Entre los demás pueblos es costumbre, en caso de duelo, cortarse el cabello los más allegados al difunto; los egipcios, cuando hay una muerte se dejan crecer el cabello en cabeza y barba, mientras hasta entonces se rapaban. Los demás hombres viven separados de los animales, los egipcios viven junto con ellos. Los demás se alimentan de trigo y cebada; pero para un egipcio alimentarse de estos granos es la mayor afrenta; ellos se alimentan de
olyra, que algunos llaman también espelta.

«Amasan la pasta con los pies, el lodo con las manos y recogen el estiércol. Los demás hombres dejan su miembro viril tal como nació, pero ellos se circuncidan. Los hombres usan cada uno dos vestidos y las mujeres uno solo. Los demás fijan por fuera los anillos y cuerdas de las velas, los egipcios por dentro. Los griegos trazan las letras y calculan con piedrecillas llevando la mano de izquierda a derecha; los egipcios de derecha a izquierda, y por hacer así dicen que ellos lo hacen al derecho y los griegos al revés. Usan dos géneros de letras, las unas llamadas sagradas, las otras populares.


«Por ser supersticiosos en exceso, mucho más que todos los hombres, usan de las siguientes ceremonias. Beben en vasos de bronce y cada día los limpian, no este sí y aquél no, sino todos. Llevan ropa de lino, siempre recién lavada, poniendo en esto particular esmero. Se circuncidan por razones de aseo, prefiriendo ser aseados más bien que bien parecidos. Los sacerdotes se rapan todo el cuerpo día por medio, para que ni piojo ni otra sabandija alguna se encuentre en ellos al tiempo de sus servicios divinos. Se lavan con agua fría, dos veces al día y dos veces a la noche, y cumplen otras prácticas religiosas en número infinito, por así decirlo. Disfrutan en cambio de no pocas ventajas, pues no gastan ni consumen nada de su propia hacienda; se les cuecen panes sagrados y a cada cual le toca por día gran cantidad de carne de vaca y de ganso; también se les da vino de uva; pero no les está permitido comer pescado.


«Los egipcios no siembran en absoluto habas en sus campos, y las que hubieran crecido, ni las mascan ni las comen cocidas, y los sacerdotes ni toleran verlas, teniéndolas por legumbres impuras. No hay un solo sacerdote para cada uno de los dioses, sino muchos, uno de los cuales es sumo sacerdote; cuando alguno muere, su hijo le reemplaza…»


Bien. Cuando uno lee todo esto surgen inevitablemente muchos cuestionamientos. Uno de ellos es: ¿por qué una milenaria civilización como la egipcia había adoptado costumbres tan disímiles a las de las culturas de occidente?


O si se quiere: ¿Por qué las civilizaciones que florecieron en occidente en las épocas de los egipcios acostumbraron prácticas totalmente contrarias a las de éstos?


Nadie tiene una respuesta plausible.







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Milady... tu sonrisa siempre es especial





Tags: Heródoto, Los nueve libros, de la historia

Publicado por OswaldoLilly @ 16:21
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Comentarios
Publicado por Visitante
domingo, 21 de febrero de 2010 | 4:18
¿todo al reves? es sorprendente.