
«Morz est mis nies ki tant soleis cunquere
Encuentre mei revelerunt li Saisne
Et Hungré et Bugre et tante gent averse,
Romain, Puillain et tuit cil de Palerne
E cil d'Affrike e cil de Califerne.
(verso CCIX de La Chanson de Roland, siglo XI)»
«Muerto
está mi sobrino que conquistó tantas tierras,
y ahora los sajones se rebelaron contra mí,
y los húngaros y los búlgaros y tantos otros,
los romanos, los de Pulla y los de Palermo
y los de Africa y los de Califerne.»
Que se sepa, esta es la primera mención que se hace de
California, en el siglo XI, y que da fe de la existencia de esta tierra en el "nuevo
mundo". Y es que por lo visto California estaba destinada desde su mismo
génesis, por así decirlo, a hacer historia en el mundo, e historia de la buena.
California es, por lo visto, tierra de bendiciones. Con sus más de 400 mil kilómetros cuadrados es el cuarto estado en tamaño de la unión americana, pero es el más poblado de tode EEUU: Ahí, en esa tierra dorada y rica viven 34 millones de personas, y ningún otro estado la iguala en población.
Le apodan "The Golden State", nombre que quizá provenga de los numerosos días en los que brilla el sol durante el año, o quizá del color dorado de gran parte de la tierra del estado. Pero también ese color característico tiene que ver con otras cuestiones dignas de mencionarse.
California es pionera y líder en numerosos segmentos de la industria como la aeronáutica, la técnica espacial, la informática, la electrónica y la industria médica. También tiene una agricultura muy desarrollada, favorecida por su clima benigno. Otra bendición, pues.
California dispone igualmente de extensos cultivos de cítricos. En los últimos decenios ha desarrollado también la producción de vino y algunas otras labores de tipo agrícola de importancia.
Algo que me llamó la atención fue saber que California no solamente es el estado más rico, productivo, líder y sobresaliente de EEUU, sino que por sí misma ocuparía el séptimo lugar en el mundo en poderío económico. En otras palabras, si California, por decirlo así, fuese un estado independiente, sería la séptima potencia mundial…y contando.
Una pregunta me surge cada que pienso en esta tierra: ¿Estaría California predestinada a tantas glorias?
En la cuarta Carta de Relación, fechada en México el 15 de Octubre de 1524, escribe Hernán Cortés, dirigiéndose al rey de España, de ciertas noticias acerca de una isla legendaria, noticias que le habían sido traídas por el capitán que había realizado la conquista de Colima.
«Y así
mismo me trajo relación de los señores de la provincia de Cihuatlán, que se
afirman mucho de haber toda una isla poblada de mujeres, sin varón ninguno, y
que en ciertos tiempos van de la tierra firme hombres que con ellas han acceso
. . . . y si paren mujeres, las guardan; y si hombres, los echan de su
compañía; y que esta isla está a diez jornadas de esta provincia; y que muchos
dellos han ido allá y la han visto. Dícenme asimismo que es muy rica en perlas
y oro; yo trabajaré en teniendo aparejo de saber la verdad y hacer de ello
larga relación a vuestra majestad.»
Hernán Cortés. Cuarta carta de relación.
Ya desde los tiempos de la conquista de México se mencionaba a California como una provincia rica “en perlas y oro”, además del modo tan sui géneris en que su población, “sin varón ninguno”, se comportaba socialmente. Pero también, hay que decirlo, California, como se puede ver, despertó desde siempre la ambición de los conquistadores antiguos… y no tan antiguos.
«Sabed
que a la diestra mano de las Indias existe una isla llamada California muy
cerca de un costado del Paraíso Terrenal; y estaba poblada por mujeres negras,
sin que existiera allí un hombre, pues vivían a la manera de las amazonas. Eran
de bellos y robustos cuerpos, fogoso valor y gran fuerza. Su isla era la más
fuerte de todo el mundo, con sus escarpados farallones y sus pétreas costas.
Sus armas eran todas de oro y del mismo metal eran los arneses de las bestias
salvajes que ellas acostumbraban domar para montarlas, porque en toda la isla
no había otro metal que el oro.»
Las Sergas de Esplandián, de García Ordóñez de Montalvo, publicada en Sevilla
en 1510.
Desde entonces, esa desconocida e inabordable Isla de las Amazonas pasaría a llamarse California. El nombre por lo demás no era nada nuevo, García Ordoñez lo encontró al leer la Canción de Roldán.
El 28 de septiembre de 1542, Juan Rodríguez Cabrillo encuentra un "puerto muy bueno y seguro": acaba de descubrir la Bahía de San Diego, a la que nombra San Miguel en honor al santo del día. Seis días después prosigue su viaje de exploración en aguas desconocidas para los europeos. El 6 de octubre está en San Pedro y el 9 en Santa Mónica; ambas poblaciones forman hoy día parte de la zona metropolitana de la ciudad de Los Ángeles.
De lo que sucedió siglos después con la rica y bendecida California no quiero hablar. He dicho que la ambición tiene muchas caretas y que la historia cojea de un pie.
Hoy he sentido nostalgia por California... y ni siquiera sé por qué.
«Dixéronle
los indios que por aquella vía hallaría la isla de Matinino, que diz que era
poblada de mugeres sin hombres, lo cual el almirante mucho quisiera por llevar
diz que a los Reyes cinco o seis d'ellas. (. . .) mas diz que era cierto que
las avía y que cierto tiempo del año venían los hombres a ellas de la dicha
isla de Carib, que diz que qu'estava d'ellas diez o doze leguas, y si parían
niño enbiábanlo a la isla de los hombres, y si niña, dexávanla consigo...»
Cristóbal Colón, diario del primer viaje.
Ah, California, California, cuántas ambiciones despertaste, y sigues despertando todavía en algunos.
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